Por esos

Por esos que nos arropan sin quererlo, sin esperar nada a cambio, por los que nos impulsan a subir y los que nos tienden la mano cuando caemos, por quienes con la mirada nos lo dicen todo y nos dejan sin palabra. Por quienes visten nuestro mundo cuando nos desnudan el alma, por quienes saben abrazar en la distancia, por quienes saben estar cuando es necesario y por quienes saben cuando llega el momento de partir. Por quienes ponen el oído, pero primero ponen el corazón. Por quienes no ponen absolutamente nada. Por quienes no se dejan contaminar. Por quienes tienen que callar, por quienes no saben callar, por quienes no pueden hablar. Por quienes ven sin mirar, por quienes desvían la mirada cuando no les interesa. Por quienes ven tras el muro. Por quienes se quedan, por quienes se van… Porque todos hemos sido o seremos alguno de ellos alguna vez, mejor observar y aprender de ellos en vez de juzgar.

Por quienes juzgan y aprenderán a no juzgar.

you are your only limit

Anuncios

Llover

En tiempos de lluvia en los que el color gris se vuelve predominante en los senderos que nos esperan para ser transitados cada amanecer, parece que el sol se empecina en esconderse, en alejarse de nosotros, ocultarse, camuflarse entre nubes, tinieblas y neblina, apenas permitiendo que sus  rayos se filtren y nos iluminen al menos unos centímetros de nuestra piel. Esa piel castigada, machacada de tanto golpe, mojada por tanta lluvia; pero limpia, porque la lluvia sirve para eso, para arrastrar aquello que sobra en la superficie y, a veces cuando se convierte en torrente, en el interior.

La lluvia elimina, limpia, purifica. Retira aquello que apesta, que se pudre. Cuando sintamos que llueve, no nos dejemos inundar. Como bien se dice en la clásica película “El Cuervo”, no llueve eternamente, así que mantengamos la fe y esperanza de que saldremos a flote una vez las nubes se disipen con la lluvia y de nuevo, los rayos del sol calienten nuestra piel y nos permitan volver a apreciar el colorido del sendero, volver a ver con claridad, a disfrutar de esa calma. Porque el proceso de llover debería de escribirse con “y” griega y separado… Porque es necesario llover para yo ver con mayor disfrute el sendero de los días soleados.

17504617_1700128626952854_74495799976796087_o

 

Aquellos maravillosos años…

Siempre que escuchamos esta frase tendemos a remontarnos tiempo atrás, a circunstancias pasadas, historias contadas, lugares conquistados y metas alcanzadas. Pero debo reconocer que la mayoría de las veces que escucho esta frase, le acompaña cierto tono de nostalgia en la voz de quien la dice y entonces, pregunto: ¿Aquellos maravillosos años? ¿Cuáles? ¿Los que están por llegar?

Cierto es que en la mayoría de la gente, con los vaivenes de la vida, algo se va apagando. Las decepciones, los problemas, las circunstancias adversas, etc. Pero todo pasa. La manera en la que lidiamos con ello es lo que en parte, condiciona nuestra actitud al frente de la batalla, al frente de los años que quedan por llegar.

Como bien se dice por ahí, que hoy haya salido el sol, no significa que mañana vuelva a salir. Pues lo mismo con los años. Probablemente, hayamos vivido muy buenos momentos en el pasado y no tan buenos; pero eso no quiere decir que cualquier tiempo pasado haya sido mejor. Ni mejor, ni peor. Diferente. Cambian las situaciones, cambian los momentos, cambian las personas, cambia el entorno, cambiamos nosotros; pero eso no significa que lo que venga no pueda ser igual de maravilloso.

Desechemos la nostalgia y abracemos con alegría e ilusión aquellos maravillosos años que quedan por llegar.

Bienvenido 2018. Empieza la cuenta de los maravillosos años que nos quedan por vivir. ¡A disfrutar!

IMG_20171228_075243_419

Permite que salga, pero que sea de corazón

– ¡Buenos días, pequeña!

Me retiró suavemente el cabello del rostro aún dormido y me regaló un beso en la frente. La calidez de sus labios me protegían del frío de aquella mañana de diciembre. Qué bonito es cuando alguien decide quererte sin preguntar previamente si queremos que nos quieran, sin dar nuestro consentimiento a esas caricias gratuitas, a esos besos desenfrenados, a esos abrazos tan intensos, a ese amor casi inexplicable y no me refiero al romántico que nos nubla la vista y nos despega los pies del suelo; me refiero a ese amor a veces incoherente; pero a veces, tan real…

No sé lo que durará: segundos, horas, días, meses, años… O si tal vez, no tenga fin. Sin embargo, sea lo que dure, merece la pena vivirlo, aunque sea por un segundo. Puede que no sea para toda la vida; pero no me imagino toda una vida sin tener el lujo de vivir algo tan bonito, de querer sin medida y estar dispuestos a que así sea.

Nos pasamos más de la mitad de nuestras vidas queriendo aquello por lo que tenemos que pagar un precio, sin darnos apenas cuenta, en muchas ocasiones, que lo que más nos alienta, nos reconforta y nos nutre el alma es aquello que sale desinteresadamente y cuyas ganancias son mucho más valiosas que cualquier cosa a la que le pongamos precio.

Hagamos aquello que nos sale directo del corazón; pero no sin antes cuidar bien lo que hay dentro y tener cabeza, para que lo que salga sea de calidad y para que tan sólo permitamos paso a lo que nutra y no marchite, a lo que alimente y nos haga crecer, a lo que embellezca y a lo que, aunque no se quede para siempre, nos deje un recuerdo y una enseñanza de por vida.

corazón

Lo que me gustaría contarte…

Tiene solución. No te preocupes. No te angusties. Sé precavido, pero no temas. Llora. Ríe. Vive. Descansa. Cuídate. Disfruta. Comparte. Ayuda y permite que te ayuden. Acompaña. Quiérete. Regala momentos. Abraza. Ama. Apasiónate. Piensa. Siente. Olvídate del tiempo por un tiempo. Madruga. Trasnocha de vez en cuando. Sueña. Mantén los pies en la tierra, la cabeza sobre los hombros; pero permite que la imaginación te haga viajar en algún que otro momento. Regresa a la tierra. Vive la realidad. Enfréntate a las batallas. Sana las heridas. Compite contigo mismo. Corre. Salta. Baila. Suda. Elimina lo innecesario y siéntate de vez en cuando. Equivócate. Discúlpate. Saluda al llegar y despídete si te vas. Deja un buen recuerdo sin perder la esencia que te define. Construye un muro contra la envidia y que marque límites a las faltas de respeto e intolerancias; pero con puertas que se abran con llaves de ilusión, buenas vibraciones y lazos de verdaderas amistades y relaciones. Habla. Lee. Infórmate. Conversa. Escucha. Observa. Aprende. Crece sin dejar de ser niño. Y sigue aprendiendo…

Todo eso y más, me gustaría contarte… Pero no lo entenderás de verdad hasta que tú mismo lo hagas. ¡Adelante!

16826141_1687368571562193_8351168853519379631_o

¿Qué ven tus ojos?

– ¿Qué ven tus ojos? – Me preguntaba Elisa.

Desconcertada por su repentina pregunta, extraña, absurda quizás, le dediqué una sonrisa burlona.

– Yo no le veo la gracia… – Me dijo muy seriamente.

Supongo que mi semblante cambió. Fuera bromas.

– Siempre te estás quejando. Que si te falta esto, que si quieres hacer esto otro, que si aquello no te gusta… Por eso, te pregunto que qué es lo que ven tus ojos.

Empecé a incomodarme. Tal vez, Elisa llevara razón en lo que decía.

– Parece que eres incapaz de ver lo que hay y no lo que dices que falta. ¿Por qué no pruebas a cambiar la perspectiva? Es como la metáfora del vaso medio lleno o medio vacío. Es más, quejarse es contaminarse, calentarse la cabeza, saturarse y, ¿sabes qué? Considero que ya existen demasiadas cosas en el mundo que nos dificultan el día a día como para además, nosotros añadir más  peso al asunto. A veces, pienso que realmente somos un poco masoquistas. Nos va la caña, ¡eh! Desahogarse está bien. ¡Yo te escucho! Pero vomítalo todo de una vez para hacerle hueco a las energías que necesitas para continuar, para alcanzar lo que dices que te falta, lo que quieres, para encontrar soluciones. Tal vez, de esa manera, pronto no te falte nada…

La reflexión de Elisa fue reveladora. Comencé a ponerla en práctica y aprendí a moverme hacia las soluciones y no quedarme quieta para solamente analizar el problema. Aprendí a poner todas las cartas sobre la mesa y ver con cuáles iba jugando la partida, a ganarle tiempo a los días, a ver oportunidades invisibles a mi antigua forma de contemplar la vida y a percatarme de que el conjunto de los pequeños detalles son los cimientos de algo grande. Aprendí a disfrutar de cada paso sin ansias por llegar a “la meta”; porque durante ese aprendizaje, también aprendí que los que se exigen correr sin estar entrenados, se asfixian y se paran por el camino y no les queda aliento para compartir vivencias con sus compañeros de viaje. Por eso, pregunto: ¿qué ven tus ojos?

IMG_20170416_091724_811
Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons.

 

Déjame que te cuente un cuento

Contaba continuamente las horas que pasaban, los días que restaban, los amigos que hacía, las mujeres que le acompañaban, los años que cumplía y así contaba infinitamente.

Contaba a sus nietos lo que quería y no fue, contó a sus padres el cuento que jamás escribió, contó a su primera esposa la misma historia que contó al resto de amantes que le sucedieron, contó a sus hijos los pasos que él nunca dio. Contó a sus amigos los kilómetros que anduvo en sus aventuras de vida. Contó los momentos que le dejaron sin aliento y casi sin poder contar. Y siguió contando sin poder parar.

Contó sus fallos, contó sus logros, contó con sus risas y sus momentos de alegría. Contó que supo con quién contar y a quién descontar, aunque en alguna de esas cuentas hubiese algún que otro error de cálculo. Contó mucho. A veces, demasiado… Sin embargo, en otras ocasiones, dejó las cuentas a medias. Porque no todas las cuentas se pueden saldar al momento. Hay veces que nos toca multiplicar y otras veces, dividir. Y ahí, cuando llegaron las divisiones, fue cuando más tuvo que y con quién contar, porque sumarlo todo era mucha historia para contárselo a sí mismo solamente.

contarContemos y contemos. Sumemos y multipliquemos momentos que contar y personas a las que y con las que contar. En los cálculos se admiten errores y si nos pasamos sumando algo innecesario, siempre podremos contar en nuestra calculadora particular con el símbolo de la resta. Lo importante es no quedarse a menos cero, para que contemos siempre con saldo positivo. Sumemos alegrías, multipliquemos los amigos, restemos negatividad, dividamos el dolor y contemos el resultado de la experiencia, procurando que siempre sea positivo. Permitámonos un margen de error por si nos equivocamos y cuando notemos que la operación va llegando a su fin, sintámonos orgullosos por tener a quién contar las cuentas que hemos hecho a lo largo de nuestra vida. Déjame que te cuente que, independientemente de los errores de cálculo que puedan existir, lo importante es poder afirmarnos a nosotros mismos y a aquellos con los que contamos que, después de todo, nos han dado las cuentas en el cuento de nuestras vidas. ¡Sigamos contando! 😉

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons.