Nuestras mayores enemigas…

Me indigno al ver como esta pequeña de dieciocho años, en ese entonces, es juzgada por un gran número de nosotras. Sí, nosotras… Las que deberíamos de empatizar, unir nuestras manos, ayudar a crear conciencia, apoyarnos y luchar juntas.

Porque si yo subo, tú subes; si tú te elevas, yo me elevo. Y sí, puede parecer ingenuo y utópico lo que digo en  un mundo movilizado mayormente por la avaricia y la codicia. Y no está mal eso de tener aspiraciones y propósitos… Pero por favor, que no se salga de los descabellado, de lo inhumano; y permita que sea la envidia, los celos, los prejuicios y el ego los que decidan por nosotros.

Todavía no puedo entender muchos de nosotros y, peor aún, nosotras no atrevemos a juzgar que la chica, tras ser VIOLADA en las fiestas de San Fermín en el pasado 2016, siga haciendo su vida normal, continúe viajando y saliendo con sus amigas. No lo entiendo… ¿Acaso no es lo normal seguir adelante con nuestras vidas para dejar atrás un hecho traumático? Levantarnos, sacudirnos el polvo y seguir adelante. Permítanme decir que eso no es de valientes; sino de muy valientes.

No entiendo cómo se puede juzgar si hay o no daño psicológico cuando absolutamente nadie, NADIE, es capaz de entrar en la mente de esa joven, por muy bonita y fuerte que se vea después de todo.

Me repugnan quienes forman parte de esa sociedad que está deseando que fallemos o caigamos para lanzarnos más piedras aún, sin tener un conocimiento exacto de lo que ha sucedido.

Sacar nuestras propias conclusiones no está mal; es la clave de para dejarnos llevar por nuestras emociones, pensamientos y sentimientos. Pero amarrarse la lengua de vez en cuando tiene enormes beneficios para la vida de nuestros semejantes, porque nunca sabemos qué tal letales y dañinas pueden llegar a ser nuestras palabras. Si en vez de hablar, escuchásemos más; si en vez de quedarnos con la primera impresión, fuésemos un poco más allá; y si en vez de mirar hacia otro lado, dirigiésemos la mirada hacia el verdadero foco del asunto, otro gallo cantaría.

Así que, mujeres, seamos honestas, cooperativas y bondadosas entre nosotras, porque en 2016 le tocó a esta pobre joven de dieciocho años; pero en cualquier momento, nos puede tocar a cualquiera de nosotras… Y a todas nos gustaría que nos tendiesen la mano cuando nadie nos crea. Por eso, YO SÍ TE CREO.

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Ahora que tenemos tiempo…

Cuando Elena cumplió sus 16 años recibió un regaló muy especial… Su abuelo, uno de sus apoyos incondicionales durante toda su niñez y adolescencia, había fallecido ese mismo año. Llevaba años luchando contra  las devastadoras consecuencias de un cáncer de pulmón bastante desarrollado hasta que finalmente le venció. Sin embargo, eso no le impidió estar de alguna manera presente para el décimo sexto cumpleaños de su nieta.

Tras soplar las velas de aquella apetitosa tarta de chocolate, la madre de Elena le hizo entrega de un sobre de color amarillento, en cuyo dorso podía leerse escrito a bolígrafo “Para mi pequeña princesa”. Elena vio como a su madre le recorría una lágrima por el rostro. Tomó el sobre en sus manos, sacó la carta que había dentro y comenzó a leer en voz baja, imaginando en su mente que era la voz de su abuelo la que leía aquello:

Ahora que tienes tiempo cariño, aprovecha para disfrutar, para reír, para soñar, para trabajar y recoger sus frutos, para crear, para descansar, para leer, para aprender, para estar con los amigos, con la familia, para viajar, para probar cosas nuevas, etc.

Ahora que tienes tiempo, recuerda mirarte al espejo cada día y asegurarte de ver a la persona que realmente quieres ver. Ahora que tienes tiempo, recuerda cuidarte para que ese tiempo se convierta en tiempo de calidad. Ahora que tienes tiempo, cuida también a quienes te acompañan, dándoles la mano para que caminen junto a ti; pero no apretando demasiado para que puedan seguir su propio camino. Ahora que tienes tiempo, acuérdate de llamar a los que están lejos y preguntarles cómo les va.

Ahora que tienes tiempo, aprovéchalo. Cómprate una agenda, organiza tus prioridades y llénala de planes, de ilusiones; pero también reserva hueco para espacios en blanco, para descansar.

Ahora que tienes tiempo, dedícalo a hacer lo que más te gusta. ¿Te gusta pintar? Pues empieza… ¡No te quedes con las ganas!

Ahora que tienes tiempo, pequeña princesa, haz lo que te plazca: maquíllate, juega al fútbol, enamórate, vuélvete a enamorar, quiere, quiere mucho… Porque esas cosas cariño, sólo las puedes hacer cuando estás viva, cuando tienes tiempo. No lo pierdas, no lo malgastes con cosas que no merecen la pena; pero tampoco te lamentes si lo haces, porque entonces perderás más tiempo aún.

Ahora que tienes tiempo, vive; porque mientras estés viviendo, seguirás teniendo tiempo.”

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A partir de aquí, tú decides.

No decidiste llegar. Ni siquiera el día que lo hiciste. No decidiste nacer, ni el lugar donde lo hiciste. No decidiste tu nombre, ni mucho menos el color de tus ojos. No decidiste cuántos hermanos tendrías, ni la fecha de tu cumpleaños. No decidiste tu nombre de pila, quiénes serían tus padres, ni decidiste quiénes serían tus hijos.

No decidiste el país en el que naciste, ni la forma en la que te criaron. No decidiste bajo qué religión te tocó crecer, ni bajo qué sistema político se desarrolló tu país. No decidiste si hoy llovería o saldría el sol. No decidiste enfermar. No decidiste tantas circunstancias… Ni ellos, ni nosotros…

En cambio, a veces, con lo que podemos decidir, nos equivocamos. Porque así de injusta se puede volver la vida. Decidimos cómo afrontar aquello que no nos gusta. Decidimos aceptar o cambiar si está a nuestro alcance. Incluso, en ocasiones, decidimos frustrarnos… Y eso sí que es una mala decisión…

A veces, decidimos por los demás, qué injusto… Y otras veces, decidimos reírnos de otros que no tienen opción de elegir. Decidamos respetar, ayudar, alentar y con ello, ayudarnos a nosotros mismos.

Decidamos cómo tomarnos las cosas, las críticas constructivas, que como su propio nombre indica, son para eso, para construir y no destruir. Pero decidamos siempre por nosotros mismos y dejemos que los demás también lo hagan por sí mismos.

Decidamos cómo llevar el dolor y cómo expresar la alegría. Decidamos qué pensar, qué decir, qué escuchar y qué callar. Decidamos qué ponernos y con qué color vestir nuestros días. Decidamos cuidarnos, respetar nuestro cuerpo y con qué nutrirlo. Porque lo que decidamos hoy, son los pilares de lo que podremos tener mañana.

Decidamos renunciar y rebelarnos cuando algo nos parece injusto, abusivo. Decidamos aplaudir a quien se lo ha ganado con esfuerzo y apartar a todo aquel que se atreva a robarnos la paz.

Decidamos desde el amor y no desde el odio, ya que éste nos lleva incluso a decidir por otros, llegando en ocasiones a poner fin al resto de sus futuras decisiones. Decidamos lo que está en nuestras manos y en cómo nos afecta aquello que no podemos decidir.

Pero sobretodo, y nosotros, la mayoría de los mortales del mundo occidental que tenemos ese poder que aún no nos han arrebatado, decidamos cada mañana ser nosotros mismos. Decidamos enamorarnos, enamorarnos de la vida y de la genuina sonrisa que se nos pinta en la cara cuando decidimos por nosotros mismos, cuando decidimos ser felices.

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Deja que fluya…

Escribe, escribe, escribe… No se puede forzar a la máquina. Lo sé… Por motivos tanto ajenos como personales, he estado un tiempo sin publicar nada nuevo por aquí… Así que, ante todo, disculpas por haber estado callada tanto tiempo. No obstante, aquí sigo, no me he ido. A veces, más habladora; otras, más silenciosa, aunque muchas de estas últimas no por falta de ganas… El tiempo, ése que corre en contra nuestra, el día a día, la rutina, la familia, las distintas obligaciones y contratiempos y, cómo no, el descanso y la desconexión (importante para que fluyan las ideas), me han tenido un poco alejada de mi diario compartido, de mi rinconcito en este mundo virtual.

He ido e iré a cargarme la mochila con nuevas vivencias, historias, lecturas y diferentes puntos de vista para masticar y digerir y poder así sacar de todo ello mi visión particular (no verdad absoluta). Expresarlo con aquello que más me gusta y que, aunque muy a mi pesar no le pueda dedicar el tiempo que me gustaría, espero que lo poquito que digo al menos, aporte algo, transmita; pero sobretodo, que fluya. Porque si forzamos la máquina, se estropea. Aunque si no la usamos, también. Como todo en la vida, encontrar el perfecto equilibrio es la clave. Y ahí, en ese equilibro, en esa armonía, es donde la máquina funciona mejor. Por eso, si la intención es que funcione, lo mejor es no forzar… Déjalo que fluya. Entonces, veremos qué sale…

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Por esos

Por esos que nos arropan sin quererlo, sin esperar nada a cambio, por los que nos impulsan a subir y los que nos tienden la mano cuando caemos, por quienes con la mirada nos lo dicen todo y nos dejan sin palabra. Por quienes visten nuestro mundo cuando nos desnudan el alma, por quienes saben abrazar en la distancia, por quienes saben estar cuando es necesario y por quienes saben cuando llega el momento de partir. Por quienes ponen el oído, pero primero ponen el corazón. Por quienes no ponen absolutamente nada. Por quienes no se dejan contaminar. Por quienes tienen que callar, por quienes no saben callar, por quienes no pueden hablar. Por quienes ven sin mirar, por quienes desvían la mirada cuando no les interesa. Por quienes ven tras el muro. Por quienes se quedan, por quienes se van… Porque todos hemos sido o seremos alguno de ellos alguna vez, mejor observar y aprender de ellos en vez de juzgar.

Por quienes juzgan y aprenderán a no juzgar.

you are your only limit

Llover

En tiempos de lluvia en los que el color gris se vuelve predominante en los senderos que nos esperan para ser transitados cada amanecer, parece que el sol se empecina en esconderse, en alejarse de nosotros, ocultarse, camuflarse entre nubes, tinieblas y neblina, apenas permitiendo que sus  rayos se filtren y nos iluminen al menos unos centímetros de nuestra piel. Esa piel castigada, machacada de tanto golpe, mojada por tanta lluvia; pero limpia, porque la lluvia sirve para eso, para arrastrar aquello que sobra en la superficie y, a veces cuando se convierte en torrente, en el interior.

La lluvia elimina, limpia, purifica. Retira aquello que apesta, que se pudre. Cuando sintamos que llueve, no nos dejemos inundar. Como bien se dice en la clásica película “El Cuervo”, no llueve eternamente, así que mantengamos la fe y esperanza de que saldremos a flote una vez las nubes se disipen con la lluvia y de nuevo, los rayos del sol calienten nuestra piel y nos permitan volver a apreciar el colorido del sendero, volver a ver con claridad, a disfrutar de esa calma. Porque el proceso de llover debería de escribirse con “y” griega y separado… Porque es necesario llover para yo ver con mayor disfrute el sendero de los días soleados.

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Aquellos maravillosos años…

Siempre que escuchamos esta frase tendemos a remontarnos tiempo atrás, a circunstancias pasadas, historias contadas, lugares conquistados y metas alcanzadas. Pero debo reconocer que la mayoría de las veces que escucho esta frase, le acompaña cierto tono de nostalgia en la voz de quien la dice y entonces, pregunto: ¿Aquellos maravillosos años? ¿Cuáles? ¿Los que están por llegar?

Cierto es que en la mayoría de la gente, con los vaivenes de la vida, algo se va apagando. Las decepciones, los problemas, las circunstancias adversas, etc. Pero todo pasa. La manera en la que lidiamos con ello es lo que en parte, condiciona nuestra actitud al frente de la batalla, al frente de los años que quedan por llegar.

Como bien se dice por ahí, que hoy haya salido el sol, no significa que mañana vuelva a salir. Pues lo mismo con los años. Probablemente, hayamos vivido muy buenos momentos en el pasado y no tan buenos; pero eso no quiere decir que cualquier tiempo pasado haya sido mejor. Ni mejor, ni peor. Diferente. Cambian las situaciones, cambian los momentos, cambian las personas, cambia el entorno, cambiamos nosotros; pero eso no significa que lo que venga no pueda ser igual de maravilloso.

Desechemos la nostalgia y abracemos con alegría e ilusión aquellos maravillosos años que quedan por llegar.

Bienvenido 2018. Empieza la cuenta de los maravillosos años que nos quedan por vivir. ¡A disfrutar!

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